EL CARNAVAL:
 UNA FIESTA MEDIEVAL
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En los primeros años de la era cristiana, durante la gestación de las festividades con motivo de la llegada de la cuaresma, la Iglesia se mostró bastante abierta en cuanto a ciertas celebraciones lúdicas, considerándolas buenas y necesarias ante la llegada de los días de ayuno y abstención que implicaban la cuaresma. Al igual que hoy se celebraba en una fecha variable y dependiente siempre de la Pascua, siendo muy complicado el cálculo de esta fecha por su movilidad anual y obligando a los eruditos de la Iglesia a realizar grandes cálculos que se escapaban para la gran mayoría.

 

Fue el Carnaval un acontecimiento en el que se sintetizó el contenido de todas las fiestas del invierno y concentrando muchos ritos y elementos de origen precristiano. El mes de febrero había sido el mes de celebración de las fiestas Lupercales romanas (fiestas que se celebraban ante diem XV KALENDAS MARTIAS, es decir los días 15 de febrero) celebraciones que estuvieron relacionadas con la fertilidad. Fue el papa Gelasio I quién  las prohibió y las condenó en el año 494 d.C., este quiso cristianizar la citada festividad y puso en su lugar el 14 de febrero (fecha en la cual había muerto martirizado un cristiano llamado Valentín en el año 270 d. C).

 

En el mes de marzo los romanos celebraban las fiestas Liberalia, siendo estas unas fiestas en honor del Padre Liber, un antiguo dios de la fertilidad y del vino. La Antigua Roma lo celebraba en torno al día 17 de marzo celebrando sacrificios, procesiones, canciones obscenas y torpes, con máscaras colgadas en los árboles; estas fiestas también fueron similares a la celebración de las bacanales (festejos en honor al dios del vino Baco-Dionisio), siendo estas unas fiestas licenciosas que solían durar varias semanas, durante las cuales se paseaba en triunfo por la ciudad, y durante las cuales podía cometerse las mayores obscenidades. Asimismo, en medio de esta especie de procesión o paseos de triunfo, una matrona romana honesta tenía que coronar al más ridículo y obsceno. De esta forma, fue una combinación de estas fiestas el germen de lo que será el carnaval cristiano en la “Edad Media”.

 

En castellano, la palabra "carnaval" es un italianismo que ha desplazado a las palabras tradicionales, Carnestolenda y Antruejo. La primera quiere decir lo mismo que Carnaval pues se refiere a la inmediata abstinencia de comer carne durante la Cuaresma, mientras que la segunda manifiesta el carácter que tiene la fiesta como introducción a la Cuaresma. El Carnaval venía precedido por las comilonas del jueves «gordo» o «lardero» (fiestas muy populares a día de hoy sobre todo en la zona del levante peninsular) durante estas fiestas se realizaban grandes festines y atracones en torno a la carne ya que la ingesta de carne les sería vetada durante la cuaresma. Las celebraciones alcanzaban su culminación en el domingo o en el lunes y martes anteriores al Miércoles de Ceniza, días dedicados a la crítica y sátira socio - política, días de inversión de valores y de desmesura. Estos días adquirieron formas e intensidades diversas que concluían siempre con su entierro (hoy conocido popularmente como «El entierro de la Sardina»), tras haber sido derrotado por la Cuaresma, como se relata en el tema literario medieval: «La Batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma» en el Libro del buen amor, de Juan Ruiz, arcipreste de Hita.

1171 Dada la penitençia, fiso la confesión, estava don Carnal con muy grand devoçión:

desiendo «mía culpa», diole la absoluçión, partiose d'él el frayle dada la bendiçión.

 

1172 Fincó allí ençerrado don Carnal, el coytoso, estava de la lid muy fraco et lloroso,

doliente et mal ferido, costribado et dolioso, non le ve ninguno christiano religioso.

 

 

"De la penitençia qu'el flayre dio a don Carnal, et de cómo el pecador se deve confesar, et quién ha poder de lo asolver".

 

Libro del buen amor

 

 

Otra de las singularidades del Carnaval medieval fue el desfile de disfraces o máscaras-paródicas, y de danzas desenfrenadas al son de instrumentos que creaban un ambiente descontrolado. El Carnaval de la plenitud medieval llegó a formar teatralizaciones propias, una muy popular de la que tenemos noticia desde el siglo XIII era interpretada por unos juglares esperpéndicos, señores de lo grotesco, remendadores o zamarrones, que utilizaban como argumento la ridiculización de costumbres o formas cotidianas, episodios conocidos de escándalos de la vida local y otros temas que por su manera de escenificarse provocaban la risa incontrolada y  la burla general.

 

Para el especialista Capel «el Carnaval permitía la crítica de lo incriticable, desde la ridiculización de las formas de gobierno, de la manera de vida de la clase noble, hasta de los ritos de una religión que impone su moral y los patrones de comportamiento en otro tipo de festividades. Esta capacidad de crítica junto con otros excesos permisibles son la clave de la enorme popularidad de lo carnavalesco en la Plena y sobre todo en la Baja Edad Media».

 

Como acabamos de comprobar desde los primeros tiempos la Iglesia permitía la parodia en estas fiestas, comprendiendo que el Carnaval era un tiempo para suavizar y aliviar resentimientos, aceptándola como una fiesta muy necesaria para calmar tensiones. No obstante, a finales del medioevo la Iglesia endureció las medidas con respecto a estas celebraciones al ver tambalear su poder para con sus fieles (sin olvidar, por supuesto al intrusista poder real), siendo el conservadurismo de la contrarreforma el que intentó terminar con estos ritos pagano-cristianos por los que tanto había apostado la Iglesia medieval, al considerarlos totalmente necesarios. 

 

 

Bibliografía:

 

-CALLEJO, J.: Fiestas sagradas. Sus orígenes, ritos y significado que perviven en la tradición de los pueblos. Madrid, 1999.

 

-CARO BAROJA, J.: El Carnaval, Madrid. 1979.

 

-HUERTA CALVO, C.: (ED). Formas carnavalescas en el arte y la literatura, Barcelona, 1989.

 

-HUIZINGA, J.: El otoño de la Edad Media. Barcelona.1995.

 

-LADERO QUESADA, M.A.: Las fiestas en la cultura medieval. ARETÉ, 2004.

 

-LE GOFF, J.: Tiempo, trabajo y cultura en la Edad Media, Madrid. 1983.

 

-LÓPEZ DE ESTRADA, F.: “Manifestaciones festivas de la literatura medieval castellana”, en Formas carnavalescas en el arte y la literatura. Barcelona, 1989, pp. 63-117.

 

-RUIZ , JUAN: El libro de buen amor.

Adriana Gallardo Luque

Publicado originalmente por

¡Esto es un lío medieval!

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